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¿Qué sucede ahora con el papel de alto representante en Bosnia?

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La Oficina del Alto Representante (OHR) en Bosnia ha confirmado este lunes que el político alemán Christian Schmidt, el principal enviado internacional en Bosnia y Herzegovina, presentará su renuncia después de cinco años en el cargo.

El puesto de alto representante se creó después de la Guerra de Bosnia de 1992-1995 para supervisar la implementación del Acuerdo de Paz de Dayton, mediado por Estados Unidos, que dejó a Bosnia dividida en la República Srpska de mayoría serbia y la Federación Bosnio-Croata de Bosnia y Herzegovina, dos entidades unidas por un débil gobierno central.

A lo largo de los años, el cargo de alto representante ha evolucionado gradualmente en una posición de autoridad política extraordinaria, otorgando a la persona que ocupa el cargo el poder de imponer leyes y destituir a funcionarios electos y designados.

Por esta razón, cualquier cambio en la cúpula de la OHR tiene un peso mucho mayor que una simple transferencia diplomática normal.

¿No solo un movimiento personal?

Aunque el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) citó este fin de semana a la OHR diciendo que Schmidt «decidió personalmente» renunciar, es difícil interpretar esta renuncia como un simple movimiento personal.

Una interpretación más plausible es que los actores internacionales clave en Bosnia y Herzegovina han revaluado lo que desean de su principal enviado en el país.

En ese sentido, la salida de Schmidt parece menos el final natural de un mandato que una retirada política concertada desde arriba.

Nombramiento controversial

Christian Schmidt, un conservador alemán con una larga carrera política, llegó a Bosnia y Herzegovina con la reputación de una figura establecida disciplinada que aportaría confiabilidad y seriedad administrativa en lugar de improvisación política.

Sin embargo, en la República Srpska, nunca fue aceptado como una autoridad no impugnable, principalmente porque su nombramiento no fue confirmado por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Lo que podría parecer una formalidad procedimental se convirtió en una profunda línea divisoria en Bosnia con importantes consecuencias políticas.

Opiniones divergentes

Para algunos, Schmidt era una protección contra el colapso institucional y buscaba estabilizar el país y prevenir una parálisis más profunda.

Para otros, era un supervisor extranjero que gobernaba sin un sólido mandato legal y que emitía decretos sin el consentimiento de aquellos que se esperaba que los obedecieran.

Estas opiniones divergentes dieron forma a toda su gestión más que cualquier decisión individual que tomara.

El enfrentamiento con la República Srpska

Si bien las intervenciones de Schmidt mostraron que la comunidad internacional aún podía imponer decisiones legales y políticas en Bosnia, también plantearon la pregunta de si esas intervenciones, por una autoridad internacional que se sitúa por encima de la rendición de cuentas democrática nacional, resuelven realmente crisis o simplemente las posponen.

Esto fue más evidente en el enfrentamiento de Schmidt con el liderazgo de la República Srpska y su ex presidente, Milorad Dodik.