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Esta carrera alrededor del mundo prohíbe GPS, tecnología y contacto con la tierra: 250 días en el mar, solo, con mapas de papel para orientarse.

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El 6 de septiembre de 2026, desde Les Sables d’Olonne, marineros se lanzarán para completar la vuelta al mundo en solitario. Sin foils, sin GPS, sin rutas satelitales. Solo con un sextante, mapas en papel y más de 250 días en el mar frente a los tres grandes cabos. La Golden Globe Race se posiciona como una de las competencias más singulares del paisaje náutico global.

Donde el Vendée Globe impulsa a sus navegantes en máquinas de 60 pies equipadas con electrónica, la GGR impone reglas radicalmente diferentes. Los barcos permitidos son pequeños monocascos de serie de menos de 10 metros. El piloto automático está prohibido, reemplazado por el único regulador de rumbo mecánico. Las comunicaciones se reducen al mínimo. Para ubicarse en la inmensidad oceánica, los competidores calculan su posición con el sextante, a mano, como lo hacían los marineros del siglo pasado. La prueba reclama claramente esta herencia: es un homenaje directo a la Sunday Times Golden Globe Race de 1968, la primera carrera alrededor del mundo en solitario y sin escalas, ganada por el británico Robin Knox Johnston.

250 días solo consigo mismo

Aquí reside el verdadero desafío de la GGR. Mientras que las vueltas al mundo modernas se completan en alrededor de sesenta días, esta prueba se extiende a más de 200 días. Una duración que cambia fundamentalmente la naturaleza del esfuerzo. Ya no se trata solo de navegar rápido o de manejar una máquina eficiente, sino de resistir en un aislamiento casi total.

Sin internet ni conexión con la tierra, los navegantes enfrentan cada avería, cada golpe de viento, cada noche sin dormir y sin red de seguridad. No hay un enrutador al que llamar, no hay un equipo técnico de apoyo. Solo el océano, el barco y el paso del tiempo. Para muchos, es esta dimensión, mucho más que la navegación con sextante, lo que constituye el verdadero muro de la carrera.