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La música occidental se simplifica y se repite desde hace 400 años: lo que revelan los algoritmos sobre nuestro cerebro cultural

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La impresión de que todas las canciones se parecen puede no ser una ilusión. Un estudio publicado en 2026 en Scientific Reports sugiere que la música occidental ha experimentado una simplificación progresiva de sus estructuras melódicas y armónicas durante más de cuatro siglos. Estos trabajos son obra de Niccolò Di Marco (Universidad de Tuscia, Viterbo), Edoardo Loru, Matteo Cinelli y Walter Quattrociocchi (Universidad La Sapienza, Roma), así como Alessandro Galeazzi (Universidad de Padua). Sus resultados indican una tendencia a la homogeneización entre géneros, incluyendo la música clásica y el jazz, tradicionalmente considerados como los más complejos. El estudio no concluye definitivamente sobre las causas, pero se mencionan varios factores tecnológicos y culturales.

Notas transformadas en redes

Para medir objetivamente esta evolución, los investigadores adoptaron un enfoque original: tratar cada canción como una red matemática. Cada nota se convierte en un nodo, cada transición entre dos notas en una conexión dirigida, cuyo peso refleja la frecuencia de repetición. La complejidad de una pieza se lee entonces en la diversidad de estas trayectorias. Cuantos más caminos variados y menos repetitivos se tomen, mayor será la eficacia ponderada de la red. El corpus analizado incluye aproximadamente 20,000 archivos MIDI del conjunto de datos MetaMIDI, divididos en seis macrogéneros (clásica, jazz, pop, rock, electrónica, hip-hop). Cubre más de cuatro siglos de composición, hasta 2021.

Los géneros se distinguen claramente. La música clásica y el jazz obtienen los valores más altos de eficacia ponderada: sus transiciones entre notas son numerosas y diversas. Por el contrario, el rock, el pop, el hip-hop y la música electrónica presentan una reciprocidad muy fuerte. En otras palabras, hay idas y vueltas frecuentes entre los pares de notas, signo de una estructura más repetitiva. Las piezas de jazz también se distinguen por tener un número de notas más alto que otros géneros, mientras que todos comparten valores de densidad comparables.

El clásico y el jazz se unen a la tendencia general

El análisis temporal constituye el resultado más destacado. La complejidad de la música clásica sigue una tendencia a la baja durante varios siglos. El jazz, por su parte, experimenta un aumento inicial en complejidad, seguido de un declive y una estabilización. Los otros géneros mantienen en promedio un nivel de complejidad comparable, de modo que hoy en día, los valores alcanzados por la música clásica y el jazz se unen a los de los géneros populares contemporáneos. El período de 1950 a 1979 aparece como una bisagra, actuando como una transición entre una era musicalmente más rica y una más uniforme. Estas tendencias se confirman con varias medidas complementarias (entropía de red, resistencia efectiva), reforzando la solidez de los resultados.

La metodología se basa exclusivamente en representaciones MIDI, lo que constituye una limitación importante. Este formato codifica la música según un sistema de doce tonos discretos, sin capturar el timbre, la producción de sonido, las letras o las sutilezas de la interpretación. La simplificación observada se refiere únicamente a las estructuras melódicas y armónicas simbólicas. No debe interpretarse como un empobrecimiento global de la expresión musical. Además, los datos de las plataformas de streaming a veces asocian una obra antigua con su versión remasterizada reciente, indicando la fecha incorrecta. Para corregir este sesgo, los investigadores cruzaron estos metadatos con las estimaciones de un modelo de inteligencia artificial, Gemini, para obras anteriores a 1980.

Streaming y algoritmos en línea en la mira

Los investigadores se cuestionan sobre los factores asociados con esta evolución. Mencionan especialmente la democratización de la creación musical desde mediados del siglo XX. Y más recientemente, el auge de las plataformas de streaming y las redes sociales. Los algoritmos favorecerían formatos sonoros accesibles y predecibles. Este fenómeno sería coherente con las tendencias observadas en otros ámbitos culturales. Como la simplificación de las letras de las canciones o los comentarios en redes sociales.

Estas interpretaciones siguen siendo especulativas. El estudio no prueba directamente estos mecanismos causales, y probablemente interaccionan varios factores. Futuras investigaciones que combinen enfoques simbólicos, de audio y contextuales podrían ayudar a comprender mejor la evolución multidimensional de la complejidad musical.

Fuente: Di Marco, N., Loru, E., Galeazzi, A. et al. «Decoding the evolution of melodic and harmonic structure of Western music through the lens of network science». Sci Rep 16, 11121 (2026).