El caso es aún más interesante ya que Chuck Norris es una celebridad «pre-Internet». A diferencia de los influencers o estrellas actuales, sus apariciones y declaraciones no fueron diseñadas para volverse virales. Sin embargo, se convierte en un ícono digital. Poco a poco, el personaje fabricado por los memes supera a la persona real. Se convierte en una figura abstracta, casi independiente del «verdadero» Chuck Norris, como un doble que tiene poco que ver con su vida y sus roles.
Pero este distanciamiento entre el personaje mítico y la persona real también produce un efecto de pantalla. Al circular en forma de bromas absurdas, Chuck Norris parece casi inofensivo. Sin embargo, esta imagen lúdica tiende a hacer olvidar sus posturas políticas conservadoras, especialmente su oposición al matrimonio homosexual. El paradigma es este: incluso cuando se burlan de él, los memes contribuyen a mantener su visibilidad y hacer que su imagen sea simpática.
Chuck Norris ha sacado gran provecho de esta segunda celebridad. En 2009, publicó «The Official Chuck Norris Fact Book», que recopila sus «hechos» preferidos; en 2010, publicó «Black Belt Patriotism: How to Reawaken America» (Cinturón negro de patriotismo: Cómo despertar a América), un ensayo político conservador que se convirtió en un best-seller.
Por lo tanto, la celebridad mítica no solo reemplaza a la antigua fama: también puede reactivarla, rentabilizarla y servir un propósito ideológico.





