Michael Ghennam
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Charlie acaba de perder a su abuela, quien la crió después de la prematura muerte de su propia madre. Ahora se encuentra con las responsabilidades de ser la ejecutora testamentaria: impulsada por un impulso repentino, Charlie se dirige a Caballero, en el sur de Francia, para entregarle a un cierto Titou, un catador de vinos profesional, la caja de discos de vinilo que le fue legada…
Hay películas que te seducen por su candidez e inocencia aparente, allí donde podrían molestar o aburrir. Las Mañanas Maravillosas es una de esas películas: una película de una ligereza confesa, donde el duelo se realiza de manera natural, sin contratiempos, donde los encuentros casuales siempre serán felices, donde los problemas se resolverán sin dolor. Pero, incluso si no es fiel a nuestra sombría realidad, ¿por qué sería un problema?

Si Avril Besson, nominada a un César en el cortometraje 2025 por el delicioso Queen Size, es adepta de un cine profundamente optimista, esto no significa que su primer largometraje carezca de asperezas. Así, si todo va bien para Charlie en su improvisado viaje por carretera, la directora juega con una convención narrativa obsoleta -el reencuentro entre un pariente y su descendencia- para deshacerla con gracia en la misma escena. Porque lo que interesa a la joven cineasta son los encuentros.

A pesar de que su tono frágil y bricolaje lo hace encantador, la película habría ganado al tener una mayor ambición formal en su puesta en escena. Brilla más por su montaje -formación que había seguido Avril Besson en La Fémis- y, obviamente, por sus intenciones, de carácter fabuloso. En esta burbuja de bienestar que es Las Mañanas Maravillosas, las sexualidades y las generaciones se reconcilian con suavidad.
Información práctica:
Las Mañanas Maravillosas, de Avril Besson. (Proyección especial) Con India Hair, Eric Cantona y Raya Martigny. En cines el 29 de julio de 2026.
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