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Recuerdo del Muro de Adriano del siglo II d.C. encontrado en España.

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Hace casi 2.000 años, un soldado romano de origen celtibérico completó su servicio militar en el borde más septentrional del Imperio y emprendió el largo viaje de regreso a las tierras que hoy conforman la provincia castellano-leonesa de Soria, en España.

En su equipaje llevaba más que recuerdos: una pequeña y exquisita copa de bronce esmaltado que reproducía, en miniatura, la frontera más remota en la que había servido. Esta pieza, encontrada por casualidad siglos más tarde en Berlanga del Duero, es hoy objeto de un estudio publicado en la revista Britannia por un equipo de investigadores con la participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Museo Arqueológico Nacional. Se trata de la llamada ‘copa de Berlanga’, y su historia reescribe en parte lo que se sabía sobre uno de los objetos más fascinantes del mundo romano.

Una pieza única

La Muralla de Adriano es una de las construcciones más famosas de la antigüedad: una muralla defensiva de 117 km que el emperador Adriano erigió entre 122 y 128 d.C. para proteger la provincia romana de Britania de los ataques de los pictos, los indígenas que habitaban las islas británicas del norte. Lo que pocos saben es que existían cuencos conmemorativos asociados a esta frontera: cuencos hemisféricos de bronce esmaltado decorados con una faja de almenas, con los nombres de los fuertes a lo largo de la muralla grabados en el borde superior.

Hasta ahora, se conocían cinco de estas piezas en el mundo, además de dos fragmentos. La primera apareció exactamente hace tres siglos, en 1725, en un pequeño pueblo de Inglaterra llamado Rudge Coppice, cerca de Froxfield. Desde entonces, se han encontrado dos copas más en Inglaterra, una en Francia y un fragmento en la península ibérica, descubierto en el siglo XIX y ahora custodiado en Londres. Todas estas mencionaban solo los fuertes del sector centro-oeste de la Muralla.

La copa encontrada en Berlanga del Duero cambia sustancialmente este panorama. Es la única pieza de toda la serie que incluye las inscripciones de los campamentos militares en el sector oriental: Cilurnum (actual Chesters, en Northumberland), Onno (Halton Chesters), Vindobala (Rudchester) y Condercom (Benwell). Ninguna de las otras copas conocidas menciona estos fuertes, convirtiendo la pieza de Soria en una contribución sin precedentes al conocimiento arqueológico de la Muralla.

Fragmentada pero casi completa

Se descubrió que la copa estaba fracturada, deformada e incompleta, pero conserva entre el 80 y el 90% de su volumen original, lo que ha permitido reconstruirla virtualmente con una precisión extraordinaria. El equipo de investigación creó un gemelo digital de los cuatro fragmentos conservados y procesó las imágenes mediante fotogrametría con el software Agisoft Metashape. El resultado es una reproducción tridimensional de alta resolución que permitió determinar las dimensiones exactas de la pieza original: 11,34 cm de diámetro en la boca, 4,95 cm en la base y 7,89 cm de altura.

Con estas medidas, la copa de Berlanga es la más grande de toda la serie, superando a la famosa copa de Rudge, al Amiens Pátera y al Ilam Pátera en más de tres centímetros. Su decoración es igualmente llamativa: tres fajas horizontales esmaltadas en rojo, verde, turquesa y azul marino reproducen el perfil de la Muralla con sus almenas, mientras que la inscripción latina corre a lo largo del borde superior de la pieza en letras de 5,5 milímetros rellenas de pasta de vidrio.

Una curiosidad adicional es la disposición de los nombres en la inscripción: están dispuestos de oeste a este, como si el observador estuviera mirando la Muralla desde su lado interno, es decir, desde el lado romano. Los investigadores señalan que esto constituye una lectura sin precedentes de la orientación de estas copas conmemorativas.

Hecho en Britania

Para determinar el origen y la fecha exacta de fabricación, el equipo realizó un análisis composicional utilizando espectrometría de fluorescencia de rayos X portátil y análisis de isótopos de plomo en el laboratorio de geoquímica de la Universidad de Durham. Los resultados revelan que la copa está hecha de una aleación cuaternaria, bronce de plomo de zinc, característica de artefactos metálicos del siglo II d.C. de Britania, donde este tipo de aleación representaba el 30-40% de las piezas analizadas.

El análisis isotópico del plomo, procesado con el algoritmo AMALIA, apunta a minas en el norte de Inglaterra o Gales como el origen más probable del metal: específicamente, las minas de North Pennines, Durham o Gales. La proximidad geográfica de las minas de Durham y Pennine a la propia Muralla de Adriano refuerza la hipótesis de una fabricación local en Britania.

Al combinar estos datos técnicos con información histórica sobre los fuertes mencionados en la inscripción, el equipo ha logrado datar la pieza con una precisión notable: entre los años 124 y 150 d.C.

El regreso de un soldado a Celtiberia

Entonces, ¿cómo llegó esta copa, hecha en el extremo norte de Britania, a una finca en Soria? La respuesta propuesta por los investigadores tiene toda la coherencia histórica de una novela de aventuras. La pieza habría viajado casi dos mil kilómetros en manos de un viejo soldado que regresaba a su tierra natal: la Celtiberia romana, una región que abarcaba gran parte de lo que hoy es la provincia de Soria y partes de La Rioja, Zaragoza, Guadalajara, Teruel y Cuenca.

La pista decisiva la proporciona la propia historia militar romana. Los romanos incorporaban sistemáticamente tropas de los territorios conquistados en su ejército, y se sabe que una unidad celtibérica, la Cohors I Celtiberorum, sirvió realmente en la Muralla de Adriano.

«Somos conscientes de que los romanos incorporaban tropas de territorios recién conquistados en su ejército, y sabemos que una unidad celtibérica sirvió en la Muralla de Adriano», dice Roberto de Pablo, primer autor del estudio e investigador del Instituto CAETRA en Berlanga de Duero.

Los investigadores interpretan la copa, al igual que el resto de la serie, como un objeto de prestigio hecho a medida como regalo o decoración para la élite militar que había servido en la frontera.

«La calidad artesanal y los materiales utilizados en estas copas nos dicen que eran objetos de prestigio, muy probablemente hechos como regalos o para decorar a la élite militar que había servido en la Muralla de Adriano, la frontera más lejana del Imperio», explica Jesús García Sánchez, investigador del Instituto de Arqueología de Mérida, un centro conjunto del CSIC y la Junta de Extremadura.

«La mayoría de los investigadores, y nosotros también, coincidimos en interpretarlas como un recordatorio de la Muralla», agrega.

Una villa romana bajo los campos de Berlanga

El descubrimiento de la copa también desencadenó una campaña de prospección arqueológica en la zona conocida como La Cerrada del Arroyo, a solo unos cientos de metros del centro de Berlanga del Duero. El trabajo, que combinó prospecciones superficiales, radar de penetración terrestre (GPR) y análisis de fotografías aéreas históricas, sacó a la luz algo inesperado: los restos de un pequeño grupo de edificaciones pertenecientes a una villa romana que estuvo activa entre el siglo I d.C. y el siglo IV d.C.

El radar de penetración terrestre identificó al menos un edificio rectangular de aproximadamente 17 metros de largo por 14 metros de ancho, con varias habitaciones a ambos lados del eje principal y restos de pavimento conservado en una de las habitaciones. Al sur de este edificio, los investigadores localizaron una sala con un ábside y un pequeño anexo probablemente dividido en dos habitaciones.

Según los autores, el conjunto apunta a la esquina de un complejo rural más grande cuya función agrícola habría evolucionado a lo largo de los siglos con la incorporación de nuevos elementos arquitectónicos.

La copa de Berlanga tiene el honor de ser la segunda pieza de esta serie extremadamente rara encontrada en la península ibérica, después del fragmento del siglo XIX conservado en Londres, y la única que permanecerá en España. La pieza, inventariada con el código 2025/3, se encuentra actualmente depositada en el Museo Numantino de Soria, donde está siendo sometida a trabajos de restauración previos a su exhibición al público.