El mundo de la diplomacia se encuentra en el centro de las turbulencias de Medio Oriente. Lo que sucedió entre estadounidenses e iraníes en Pakistán y lo que podría ocurrir hoy en Washington entre los embajadores de Israel y Líbano son solo los primeros pasos de una posible negociación. Las conversaciones serias aún no han comenzado.
Estas reuniones son significativas: entre estadounidenses e iraníes, es el más alto nivel de encuentro desde la creación de la República Islámica en 1979; lo mismo se puede decir entre israelíes y libaneses, ya que ambos países vecinos, sin relaciones diplomáticas, han experimentado más guerras y ocupaciones que negociaciones.
Sin embargo, es crucial que estos encuentros se den en el momento adecuado del conflicto. Actualmente, las ilusiones de victoria a través de armas o estrategias en lugar de la negociación persisten en ambas partes, lo que pone en peligro el proceso. En Islamabad, el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, comentó antes de regresar a Washington tras 21 horas de discusiones: «No han aceptado nuestras condiciones».
La demanda de aceptar una lista de condiciones no es negociar, es pedir capitulación. Esta postura refleja la percepción de Donald Trump de que Irán debe rendirse, ignorando la resistencia de los Guardianes de la Revolución. Mientras ambos lados mantienen estas ilusiones, las negociaciones no avanzarán, y la situación en el estrecho de Ormuz se vuelve cada vez más tensa.
En otra historia, el gobierno libanés enfrenta su propio desafío al ser acusado de «traición» por reunirse con los israelíes en un momento de polarización nacional. La diplomacia espera pacientemente su turno, consciente de que los éxitos militares no siempre conducen al fin de las guerras.





