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ENTREVISTA: Viktor Orbán derrotado en Hungría: El juego no ha terminado… ¿Qué cambia este revés para Europa y la extrema derecha europea?

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Mientras Viktor Orbán perdió las elecciones legislativas después de haber dirigido Hungría durante casi dieciséis años, las interrogantes aumentan sobre las consecuencias para Europa. ¿Simple alternancia o un giro para la extrema derecha europea? Sylvain Kahn, historiador y profesor en Sciences Po, analiza las repercusiones de esta derrota.

Sylvain Kahn es historiador y profesor en Sciences Po, especializado en asuntos políticos europeos.
DR – Sylvain Kahn

La Dépêche du Midi: ¿La salida de Viktor Orbán cambia el equilibrio de la extrema derecha europea?

Sylvain Kahn: Sí, claramente, es un golpe duro. Viktor Orbán no era un líder como los demás, era a la vez un líder, un teórico y una figura vanguardista. Fue el primer líder europeo en autoproclamarse de «democracia iliberal» y en transformar la «eurofobia» hacia otros partidos dirigidos por derechas radicales que adoptaron esta ideología. Después de dieciséis años en el poder, su derrota tiene un fuerte simbolismo, pero hay que relativizar. Durante quince años, en Europa existen partidos de derecha radical que llegan y abandonan el poder, no es algo inédito. Ha sucedido en Italia, Austria o Polonia, y seguirá ocurriendo.

¿Se puede ver como un rechazo a la política de Donald Trump?

Es tentador, pero no es lo que más pesó. El voto contra Orbán se explica principalmente por factores internos. Si la situación internacional jugó un papel, fue principalmente a través de la contradicción entre su discurso de soberanía y sus estrechos vínculos con Rusia de Vladimir Putin o China. Pero el cambio de rumbo se debe principalmente a: alta inflación, estancamiento de los salarios, reducción del poder adquisitivo y desaceleración económica en comparación con los países vecinos. A esto se suma el rechazo a un sistema considerado clientelista, e incluso autocrático, donde una parte importante de la economía está controlada por un círculo cercano al poder.

¿Qué cambia concretamente para la Unión Europea?

La principal consecuencia es el fin del papel bloquedor sistemático de Hungría. Orbán solía usar su veto regularmente y complicaba el funcionamiento europeo, especialmente en política exterior. Con Páter Magyar, Hungría debería volver a ser un socio que juega según las reglas de las instituciones. Esto no significa que esté de acuerdo en todo, pero respetará las decisiones tomadas colectivamente. Por ejemplo, ya no debería obstaculizar la implementación de medidas adoptadas por los estados miembros, especialmente en lo que respecta a la ayuda a Ucrania. Esto hará que el funcionamiento de la Unión sea más fluido.

¿Y para Francia?

No cambia mucho. Los efectos serán muy limitados, principalmente porque se trata de dinámicas electorales principalmente nacionales. Sin embargo, los partidos afines al Fidesz en Europa, como Italia, España o los Países Bajos, observarán de cerca las razones de esta derrota. Pueden sacar lecciones, ajustar ciertos elementos de discurso o estrategia, especialmente en cuestiones económicas o de gestión del poder. Pero no hay que imaginar un impacto directo en la vida política francesa. Este tipo de evento circula más como una señal o un caso de estudio que como un factor determinante.

¿Es el fin del populismo en Europa?

No, absolutamente no. No hay que confundir una derrota electoral con una desaparición política. Viktor Orbán sigue siendo una figura importante, aún joven políticamente, tiene solo sesenta años, y es apoyado internacionalmente, especialmente por Vladimir Putin y Donald Trump. Su campamento sigue siendo poderoso: obtener cerca del 40% de los votos después de dieciséis años en el poder es considerable. Hoy en día, nada garantiza que el Fidesz no volverá al poder en cuatro años, todo es posible. El juego aún no ha terminado.