La publicación de «Nuestros nuevos maestros», de Albin Michel, llega en un momento en el que la influencia de los grandes líderes tecnológicos ya no se limita a sus empresas. En Mon Carnet, Alexandre Piquard, coautor del libro, explica cómo los gigantes del mundo digital se encuentran ahora en el centro de las relaciones de poder que afectan tanto a la política estadounidense como al equilibrio geopolítico mundial.
Al principio del libro, hay una imagen poderosa: la de los grandes líderes del Valle del Silicio reunidos alrededor de Donald Trump durante su investidura. Para los autores, esta escena simboliza un cambio de paradigma. Muestra tanto el peso económico sin precedentes de estos actores como su acercamiento espectacular a un poder político del que parecían mantenerse alejados en el pasado. Este acercamiento, según Alexandre Piquard, no puede reducirse a un simple oportunismo, aunque la defensa de sus intereses inmediatos juega un papel importante.
La entrevista destaca una convergencia más profunda entre ciertos sectores del Valle del Silicio y el trumpismo. Alexandre Piquard señala que más allá de la imagen progresista durante mucho tiempo asociada a la tecnología californiana, varios corrientes de fondo ya eran compatibles con esta nueva alianza. Menciona especialmente al libertarismo, la desconfianza hacia el estado, pero también una fe casi mesiánica en la tecnología como motor de transformación humana y social. A sus ojos, estas afinidades ideológicas ayudan a comprender por qué este acercamiento pudo realizarse tan rápidamente.
La inteligencia artificial juega un papel central aquí. El autor describe este sector como la prioridad absoluta de las grandes empresas tecnológicas, en un contexto en el que las inversiones alcanzan niveles colosales. Esta carrera hacia la IA requiere infraestructuras masivas, centros de datos, energía y, sobre todo, apoyo político. En este sentido, la relación entre Washington y el Valle del Silicio se vuelve cada vez más estratégica. Las empresas necesitan un entorno regulatorio favorable y la administración estadounidense cuenta con ellas para mantener la ventaja de Estados Unidos sobre China.
Pero esta alianza no es ni simple ni totalmente estable. Alexandre Piquard recuerda que a pesar de algunos gestos favorables, como en materia de desregulación de la IA o apoyo indirecto al desarrollo de infraestructuras, los procesos antimonopolio no han desaparecido. Las grandes empresas siguen siendo perseguidas en suelo estadounidense. Esto muestra, según él, que incluso dentro del campo trumpista, no hay un consenso total sobre cómo enfrentar a las Big Tech. Algunas corrientes conservadoras siguen siendo muy críticas, especialmente en cuestiones de protección infantil, poder monopolístico o impacto energético de los centros de datos.
Uno de los aspectos más esclarecedores de la entrevista se refiere precisamente a la capacidad real de los estados para recuperar el control. Alexandre Piquard observa que en Europa ya existen herramientas regulatorias, ya sea el DSA, el DMA o el marco sobre IA. El problema, dice, ya no es solo escribir reglas, sino aplicarlas frente a empresas cuyo peso económico y político se ha fortalecido aún más. En algunos casos, sancionar a una gran plataforma puede tener ahora repercusiones diplomáticas o estratégicas más amplias, lo que complica considerablemente la acción pública.
El libro ofrece un marco útil para comprender una transformación en marcha. La tecnología ya no es solo un sector industrial o financiero. Se ha convertido en un mecanismo de poder, un actor político y un socio a veces incómodo para los estados. Al escuchar a Alexandre Piquard, queda claro que las relaciones entre el Valle del Silicio, el poder estadounidense y las democracias occidentales están entrando en una nueva fase, más dura, más ideológica y mucho más estratégica que antes.





