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Niños famosos en peligro en El testamento de las celebridades en el Centro de Teatro de hoy

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Presentado en primicia el 23 de abril en el Centro del Teatro de Hoy, El testamento de las celebridades de Jon Lachlan Stewart está en cartelera hasta el 9 de mayo y ofrece una inmersión satírica en los entresijos del estrellato contemporáneo.

Esta obra escrita por Jon Lachlan Stewart imagina una catástrofe durante la ceremonia de los Oscars, dejando a una generación de niños actores como herederos de una fundación encargada de financiar la continuación de una serie fantástica de culto para niños titulada Grimbelgitch. La explosión en el anfiteatro de los Oscars fue en realidad provocada por la autora de la serie, Dame Sylvia Grey, quien buscaba así poner fin a su vida.

Esta autora controvertida, conocida por sus posturas de derecha, deja tras de sí una fortuna colosal destinada a perpetuar su obra hasta el infinito para las generaciones futuras, incluso si los jóvenes actores originales envejecen. Serán reemplazados por imitaciones generadas por inteligencia artificial. Este es el punto de partida de esta obra traducida y dirigida por el brillante Olivier Morin, que pudo apreciarse en YouTube en una parodia de Stéphane Bern visitando la Place Versailles.

Los tres excelentes actores Gabriel Favreau, Chloé Germentier y Rebecca Vachon son delirantes en una mecánica casi acrobática, con numerosos y exigentes cambios de tono, personajes y temas. La iluminación, muy exitosa, respalda las variaciones de ambiente y los apartes de los personajes, de manera similar a cuando se reproducen vídeos en línea. Un sistema de láseres permite capturar y copiar las identidades y el ADN de los actores para reproducirlos infinitamente: sustitutos de sus rostros, expresiones, miradas, voces y cabelleras.

A veces nos perdemos, pero el juego sigue siendo cautivador, ya que también nos reímos de nuestros propios defectos. Las aventuras fantásticas de estos ídolos dotados de superpoderes continúan haciéndonos soñar. Los clichés son tan numerosos que el conjunto a menudo cae en lo absurdo. Las caricaturas y las miradas a los entresijos del estrellato abundan. Los conjuros lanzados al azar por los protagonistas conllevan consecuencias dramáticas: abuso, sexo, drogas y alcohol, hasta la depresión.

Después de 90 minutos de este ejercicio dinámico, salimos agotados a pesar del dominio verbal y físico de los actores. Sin embargo, se observa cierta falta de brújula: ¿dónde se nos quiere llevar en esta tribulación? Los temas abordados, numerosos y dispersos, no siempre logran encontrar coherencia a pesar de los esfuerzos y el talento de todos. Nos divertimos, pero los desafíos del estrellato y de la inteligencia artificial, capaz de reemplazar en parte o en su totalidad la interpretación de los actores, no son plenamente explorados.

Sin embargo, el entretenimiento funciona a pesar de la deriva de esta crítica social de carácter humorístico. El camino hacia la toma de conciencia merece la pena el desvío.

Para ver hasta el 9 de mayo en el Centro del Teatro de Hoy.