Inicio Cultura Meme Solís, el pianista atemporal

Meme Solís, el pianista atemporal

15
0

No es la Habana de la dxc3xa9cada de 1960, pero el pianista a veces ha sentido que son una y la misma ciudad. Se despierta al mediodxc3xada en su apartamento del piso 25 en Manhattan, que tiene una vista de edificios dispuestos como un modelo a escala en el horizonte, donde todo lo humano parece borrado momentxc3xa1neamente. El pianista siempre habxc3xada querido vivir en Nueva York, y aquxc3xad estxc3xa1. Se acostxc3xb3 tarde la noche anterior, ya que estxc3xa1 acostumbrado a ser una criatura nocturna. «He trabajado en cabaret toda mi vida», dice. «Las primeras horas de la maxc3xb1ana siempre me han inspirado».

Se hizo un cafxc3xa9 cubano, desayunxc3xb3, mirxc3xb3 la televisixc3xb3n o hizo algunas compras, fue al gimnasio, pasxc3xb3 un tiempo nadando, aunque admite: «No soy un buen nadador». A veces hace ejercicio ligero, nada que implique levantar pesas pesadas o algo que pueda afectar su digitacixc3xb3n: la forma en que usa los dedos para sacar mxc3xbasica del piano Yamaha que se encuentra cerca de la ventana, como si los rascacielos, las luces y las azoteas de Nueva York fueran su gran audiencia, testigos de la eterna balada de Meme Solís.

Lleva un suéter de cuello alto negro, una chaqueta a rayas, pantalones a juego y zapatos impecables, todo perfectamente adaptado a su estatura de 1.82 metros. Solís, de 87 años, siempre parece listo para actuar, siempre en guardia, tal como lo estaba cuando aún no tenía 15 años y aún no era uno de los músicos más populares de Cuba, el acompañante de las grandes voces femeninas del país o el creador del cuarteto que cimbró a Cuba.

Había estado estudiando música desde los seis años en el Conservatorio Rita Capó en Santa Clara cuando le pidieron que acompañara en el piano a Olga Guillot, la Reina del Bolero. «Tenía mucho miedo de acompañar a esa gigante. Esa mujer era una diosa en ese momento. La acompañé, y eso marcó el comienzo de mi carrera». Con Guillot, comenzó un camino como acompañante, forjando estrechas relaciones con las voces más poderosas de la escena musical de La Habana a mediados del siglo XX.

«Es un gran pianista acompañante y uno de los mejores armonizadores vocales que Cuba haya producido. En ambos casos, quizás sea uno de los últimos exponentes de dos escuelas a las que aportó la perspectiva y el sentimiento de su generación», dice la filóloga e investigadora Rosa Marquetti, quien actualmente está trabajando en la biografía del pianista, compositor y cantante.

Desde temprana edad, fue Guillot quien le dijo que iba a ser «un gran artista». «No le creí en absoluto; aspiraba a ser un buen pianista, pero eso se me quedó grabado», dice Solís. Aprendió algo de Guillot: «Ella me dijo, ‘El día que subas al escenario, nunca lo hagas tímidamente; siempre sal a pensando que eres el mejor'».

Solís también valora todo lo que aprendió de las otras mujeres a las que acompañó en el piano. Tocar con la cantante Elena Burke fue su primera «gran experiencia» cuando decidió mudarse desde el centro del país a La Habana, una ciudad capital que lo dejó sin palabras. «He conocido y trabajado en varias capitales, pero la impresión que tuve al llegar a La Habana fue la mayor que he tenido; fue única, no creo que haya otra capital que tuviera ese tipo de vida nocturna en ese momento».