Al final de sus conciertos, la banda de country-rock emergente, Brown Horse, abandona el escenario para unirse a su puesto de mercancía. La venta de camisetas a menudo les reporta más ingresos que el propio concierto.
Este ingreso es esencial para mantener su actividad en la carretera. Como muchos artistas desconocidos, el aumento de los costos asociados a la gira conlleva una «lucha constante» para seguir avanzando, explican. «Bromeamos diciendo que somos básicamente vendedores de camisetas itinerantes,» afirma el cantante Patrick Turner. «A menudo da esa impresión, todo con banda sonora.»
Después de una actuación en Oxford la semana pasada, los cinco miembros de la banda durmieron en el suelo de amigos o condujeron su furgoneta de 30 años durante horas para ahorrar en alojamiento. De regreso a Norwich a las 3:30 de la madrugada, tuvieron que volver a sus trabajos al día siguiente antes de volver a la carretera unos días después.
«Para equilibrar las cuentas, hay que hacer muchos sacrificios por el bienestar y la comodidad, lo cual hacemos, al igual que todos los grupos que conocemos. Culturalmente se acepta que es lo que hay que hacer,» explica Emma Tovell, la bajista de Brown Horse.
Afortunadamente, su próxima gira por el Reino Unido en octubre debería ser un poco más fácil. Se agregó un recargo de £1 a las entradas para los recientes conciertos en arenas y estadios, uniéndose a estrellas como Harry Styles, Olivia Dean, Lily Allen, Take That, Foo Fighters, Florence and the Machine, Lorde y My Chemical Romance.
Puntos a tener en cuenta: – Las bandas emergentes, como Brown Horse, dependen en gran medida de las ventas de mercancía para sobrevivir. – Los crecientes costos de las giras están haciendo la situación difícil para muchos músicos. – Gran parte de su tiempo se dedica a hacer malabares entre las giras y los trabajos diarios. – La solidaridad entre músicos es fuerte frente a los sacrificios necesarios para avanzar.
Este debate plantea preguntas importantes sobre la evolución de la industria musical. La pasión y dedicación de estos artistas merecen ser reconocidas, pero ¿hasta dónde deben llegar para obtener reconocimiento y comodidad financiera? Sus experiencias resaltan un fenómeno más amplio sobre el valor del trabajo artístico, y me pregunto sinceramente si nosotros, como sociedad, estamos haciendo lo suficiente para apoyar estos talentos. Reflexionando sobre esto, estoy convencido de que cada concierto, cada nota de guitarra merece ser valorada en su justa medida.



