El Papa Leo XIV ha advertido que la carrera global por los recursos naturales, intensificada por el rápido cambio tecnológico, está impulsando la desigualdad, la degradación ambiental y los conflictos armados, instando a los líderes mundiales a restaurar la responsabilidad política y fortalecer el respeto por el derecho internacional y las instituciones.
Durante su Viaje Apostólico a Guinea Ecuatorial, el Papa señaló que la creciente competencia por los yacimientos de petróleo y minerales a menudo está impulsando conflictos armados, con frecuencia sin respetar el derecho internacional o la autodeterminación de las personas afectadas.
Además, advirtió que la explotación especulativa de materias primas está eclipsando imperativos morales clave, como la protección de la creación, los derechos de las comunidades locales, la dignidad de la labor y la salud pública.
El Papa también hizo eco de anteriores llamamientos del Papa Francisco, rechazando lo que llamó «una economía de exclusión e inequidad», que dijo socava la cohesión social y alimenta la injusticia. Argumentó que los sistemas globales actuales a menudo priorizan la dominación y las ganancias a corto plazo sobre el bien común.
En el centro de su mensaje estaba un llamado a una «política contra corriente», que definió como un liderazgo arraigado en el bien común en lugar del poder o la explotación.
«En un mundo herido por la arrogancia, las personas anhelan justicia. Debemos animar a aquellos que creen en la paz y se atreven a involucrarse en una política ‘contra corriente’, que se centra en el bien común», afirmó el Papa.
El Papa Leo XIV también destacó la importancia de la educación en la formación del futuro, abogando por un «pacto educativo» que brinde a los jóvenes mayor confianza, espacio y responsabilidad. Señaló que empoderar a los jóvenes con imaginación moral y compromiso cívico es esencial para construir un futuro más justo y pacífico.
Asimismo, recalcó que Dios nunca debe ser invocado para justificar la violencia, la discriminación o las políticas impulsadas por la guerra, advirtiendo contra el uso indebido de la religión para legitimar «decisiones y acciones mortales».





