Es una frase que él dice «cada vez que se desplaza por el territorio nacional», casi un mantra: «Los asuntos extranjeros son asuntos de todos». El ministro de Europa y Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, lo repitió el viernes 17 de abril en Mauguio, Montpellier y Montferrier, ante estudiantes, funcionarios, investigadores y ciudadanos reunidos frente a él. Detrás de la frase, una convicción que el ministro pasó todo el día ilustrando concretamente: entre lo que se negocia en las cancillerías y lo que se vive en los territorios, la frontera es más permeable de lo que se cree.
La diplomacia como asunto cotidiano El punto de partida es casi banal, pero el ministro insiste en no tomarlo a la ligera. «Lo que sucede más allá de nuestras fronteras tiene consecuencias muy concretas en nuestras vidas cotidianas», dice. El ejemplo que elige es deliberadamente prosaico: el precio del combustible, directamente afectado por la guerra en Ucrania, que incide en los hogares y en las empresas. No hace falta ser diplomático para entender que las tensiones geopolíticas tienen un costo tangible, sentido en la bomba de gasolina o en las facturas de energía.
Pero el ministro va más allá. Si lo global afecta lo local, local, según él, «también nutrir el global.» Y es aquí donde cobra sentido su jornada montpellierina. No se trataba de una visita de cortesía, sino de mostrar, paso a paso, cómo un territorio puede ser «un actor a part entière de la política exterior,» sin ser siempre consciente de ello.
El desplazamiento comenzó en la Cámara de Comercio e Industria de l’Hérault, en Mauguio, con representantes del mundo económico y de las colectividades territoriales. Jean-Noël Barrot los designó inequívocamente como «los primeros socios de la acción internacional que llevamos a cabo desde el Quai d’Orsay.» Una forma de acercar lo local y lo nacional, a una escala que percibe la política exterior como reservada a los lideres de la capital.
El ministro se adueñó del tema, compartiendo una visión en la que «las colectividades no son simples intermediarios» sino productores de influencia. «Los estrechos lazos que se tejen a lo largo de los años y décadas entre los pueblos son la base en las que se sustentan las buenas relaciones entre sus autoridades y sus gobiernos, y por lo tanto la paz y la estabilidad», explica. La formulación es diplomática en la forma. Encierra una idea: la paz también se construye en las salas de reuniones de los comités de hermanamiento, en los intercambios universitarios, en las asociaciones económicas locales.





