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El Estrecho de Gibraltar es, como diría Paul Pascon (etnólogo franco-marroquí), un lugar compuesto que lleva en sus aguas las memorias superpuestas de períodos históricos multiculturales.

De hecho, desde el siglo IX a.C., los fenicios tejieron los primeros vínculos entre África y Europa, seguidos por los cartagineses y luego los romanos, quienes convirtieron este paso en una arteria viva de intercambios humanos y comerciales.

El siglo XX trajo consigo una serie de choques geopolíticos: los protectorados francés y español en Marruecos (1912-1956) fragmentaron la costa sur, mientras que Tánger se estableció como Zona Internacional (1923-1956). La independencia de Marruecos en 1956 restauró la soberanía nacional, pero dejó pendientes el Sáhara, Ceuta y Melilla, y las islas Chafarinas.

Hoy en día, el Estrecho vive bajo un frágil «equilibrio triádico» entre Marruecos, el Reino Unido y España, regido por el convenio de Montego de 1982 pero afectado por disputas persistentes.

En 2026, el Estrecho de Gibraltar se ha consolidado como una válvula de seguridad mundial frente a la parálisis de los estrechos orientales (caída del 95% del tráfico en Ormuz, reducción del 60% en Suez). Más allá de la logística marítima, el Estrecho se ha convertido en una arteria vital para la seguridad energética europea, conectando los yacimientos africanos con el sur de Europa a través de gasoductos submarinos.

La crisis en el Estrecho de Ormuz y las guerras en Oriente Medio han consolidado la posición del Estrecho de Gibraltar como una ruta de navegación marítima ineludible; el gran redireccionamiento a través del Cabo de Buena Esperanza ha fortalecido su valor estratégico. El Estrecho ha experimentado un aumento en la captura del tráfico marítimo, equivalente al 10% del tráfico marítimo mundial, confirmando su papel como sustituto logístico de los puntos críticos medioorientales paralizados.

Con una longitud de 58 km y estrechándose a 14,4 km, el Estrecho de Gibraltar es el único vínculo natural entre el Atlántico y el Mediterráneo, y una frontera natural entre Europa y África. La profundidad de sus umbral (hasta 900 m) permite el tránsito de submarinos portadores de misiles balísticos. El régimen de paso libre de tránsito, codificado por la Convención de Montego Bay de 1982, prohíbe a los estados costeros obstruir la navegación, garantizando la libertad de circulación esencial para el comercio mundial.

El Estrecho es una de las vías marítimas más transitadas del mundo. En promedio, más de 100,000 barcos de carga lo cruzan cada año, aproximadamente 300 por día. Este flujo incluye petroleros, portacontenedores, ferries y ferry-transportistas. Por ejemplo, en la sola conexión Algeciras-Tánger Med, el tráfico de camiones alcanzó las 44,426 unidades en febrero de 2026. Mientras que el número total de cruces en todas las líneas del Estrecho asciende a varios miles al mes.

[Contexto: El Estrecho de Gibraltar es un punto vital para el comercio mundial y la geopolítica en la región. Se han mencionado diversos aspectos históricos, políticos y económicos que afectan la estabilidad y seguridad en la zona.]

[Fuente: https://afrimag.net/gibraltar-un-destin-de-confluences-geopolitiques-multiples/]