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El reconocimiento de Palestina por Australia: un caso en el que prima el statu quo sobre la responsabilidad

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La pregunta es: ¿cómo explicar este aparente giro diplomático de Australia? Para responder, este artículo sitúa el reconocimiento de Palestina por parte de Australia en su contexto histórico, argumentando que la decisión del gobierno de reconocer a Palestina se deriva de la interacción entre la cultura estratégica de Australia y su internacionalismo liberal en la definición de lo que significa ser un «buen ciudadano internacional» (GIC). El profesor de relaciones internacionales Hakan Mehmetcik define el GIC como «un concepto multidimensional que abarca no solo las acciones de los Estados, sino también sus motivaciones, compromisos y consideraciones éticas más amplias que guían su comportamiento en la escena mundial».

En un nivel del debate sobre el GIC se encuentra la cultura estratégica de Australia. Esta es un conjunto distinto de creencias, actitudes y prácticas sobre el uso de la fuerza, derivado de un proceso histórico único y prolongado. Este proceso refleja la herencia colonial anglosajona de Australia y la necesidad correspondiente de potencias protectoras para defender sus intereses contra una posible agresión extranjera. Por lo tanto, la cultura estratégica de Australia privilegia la seguridad continua de Israel sobre las aspiraciones palestinas de un estado. Desde la creación de Israel, Australia ha seguido la línea ortodoxa de la política exterior de Estados Unidos en el conflicto israelo-palestino, que tolera, apacigua y apoya las políticas coloniales de asentamiento israelí para someter y pacificar a los palestinos hasta que ya no representen una amenaza para el estado israelí. Desde esta perspectiva, para que Australia se considere un GIC, su política exterior debe estar estrechamente alineada con los cálculos estratégicos de Estados Unidos.

En el otro lado del debate se encuentra la adhesión de Australia a un marco de política exterior internacional liberal que promueve la apertura diplomática, la soberanía igualitaria, el respeto a los derechos humanos y la responsabilidad democrática. Esto se traduce en el apoyo de Australia a operaciones colectivas de mantenimiento de la paz, la promoción del estado de derecho y todas las instituciones internacionales destinadas a resolver problemas globales complejos. Como dijo Penny Wong, ministra de Asuntos Exteriores de Australia: «Queremos un mundo pacífico, estable, próspero y respetuoso de la soberanía. Un mundo donde las diferencias se resuelvan de acuerdo con el derecho y las normas internacionales, y no por la fuerza y el tamaño.» Desde esta perspectiva, para Australia, considerarse un GIC significa no solo actuar de acuerdo con estos principios, sino también rechazar aceptar o tolerar acciones de otros Estados que vayan en contra de ellos.

La interacción entre estos dos conceptos a veces genera tensiones en la formulación de la política exterior australiana, ya que la cultura estratégica favorece el mantenimiento del statu quo, mientras que el respeto de los valores internacionalistas liberales exige vigilancia y, a veces, cambios necesarios.