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Hoy en la economía

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A pocas semanas de la Copa del Mundo de fútbol 2026, una situación inédita preocupa a la economía del fútbol mundial: India y China, dos de los mercados más grandes del planeta, aún no han llegado a un acuerdo para transmitir la competencia. La razón detrás de esto son los costos considerados demasiado altos en un contexto de cambio en el panorama audiovisual mundial.

El himno oficial de la Copa del Mundo 2026, Dað Dað de Shakira, comienza a invadir las pantallas de todo el mundo. El torneo comenzará el 11 de junio en América del Norte y se transmitirá en RFI. Pero detrás de la emoción deportiva, queda una importante pregunta económica: ¿Por qué India y China aún no tienen un difusor oficial?

El tema está lejos de ser anecdótico. Estos dos países representan casi 3 mil millones de habitantes y son dos mercados estratégicos para la FIFA. Para entender esta situación, es necesario mirar al centro del modelo económico del fútbol moderno: los derechos audiovisuales. Desde hace varios años, representan la mayor parte de los ingresos de las grandes competiciones deportivas. Para la FIFA, los ingresos derivados de la transmisión de la Copa del Mundo son fundamentales. Pero este año, los difusores se niegan a pagar las cantidades solicitadas.

En la India, los derechos de transmisión se consideran demasiado caros. Durante la Copa del Mundo 2022, los derechos de transmisión se adquirieron por aproximadamente 60 millones de dólares. Para la edición 2026, la FIFA esperaba obtener hasta 100 millones. El problema es que los grupos interesados solo ofrecen alrededor de 20 millones de dólares. Esto se explica en parte por el huso horario. El torneo se jugará en Estados Unidos, Canadá y México, lo que significa que muchos partidos se transmitirán en plena noche en India. Como consecuencia, las audiencias serán más bajas y, por lo tanto, habrá menos ingresos publicitarios.

La situación en China es diferente. A pesar de ser un mercado enorme para el fútbol, aún no se ha anunciado ningún acuerdo oficial. Esto se debe en parte al contexto económico chino. El declive en el crecimiento está llevando a los actores públicos a enfocar más sus inversiones. Los espectadores consumen menos televisión tradicional y más contenido a través de plataformas a demanda. Esto complica la valoración de los derechos deportivos. Como resultado, los difusores históricos ahora se niegan a pagar más de lo que el mercado publicitario realmente puede soportar.

A cinco semanas del torneo, el tiempo apremia para llegar a un acuerdo. Incluso si las negociaciones tienen éxito, los derechos podrían ser finalmente vendidos a un precio reducido. Detrás de esta batalla económica, surge una pregunta más amplia: ¿Cuánto vale aún un partido de fútbol cuando una parte del planeta no puede verlo?