El primer texto de esta semana, del libro de los Hechos de los Apóstoles, es una historia de la visita del Apóstol Pablo y su experiencia en Atenas.
Para el escritor de los Hechos, Atenas era vista como el centro del pensamiento y la filosofía en el mundo de su época. Como resultado, era importante, para la fidelidad efectiva de la misión de Pablo hacia la comunidad gentil, que Pablo fuera a Atenas y debatiera con los pensadores y filósofos de su época.
Como en muchos de los discursos de los Hechos, este discurso es una herramienta bien elaborada para llamar a otros a la fe en Cristo y su misión.
Como está escrito, Pablo no ataca ni refuta directamente el pensamiento y la fe de aquellos a quienes encuentra. Más bien, sabiamente y creativamente comienza donde están sus oyentes en un esfuerzo por llevarlos a una nueva forma de ver el mundo y pensar acerca de la presencia de Dios en sus vidas.
Esto sigue siendo una buena lección para los fieles estudiar y atender. La argumentación es mucho menos probable que tenga éxito en la difusión del Evangelio.
La argumentación crea distancia y defensividad que no son fáciles de superar. El diálogo y escuchar más que hablar son vías mucho mejores por las cuales el creyente podría acercarse a otro que profesa una fe diferente.
Aquí, se informa que Pablo observó un santuario dedicado a un Dios desconocido, mientras recorría la ciudad. Por un lado, dicho santuario podría indicar el simple deseo de cubrir todas las posibles contingencias; pero por otro lado, puede representar la curiosidad religiosa de los ciudadanos.




