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El tiempo masónico y la ilusión científica: cuando la Francmasonería encuentra el Bloque universal de los físicos

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En un artículo publicado el 12 de abril de 2026 en Slate.fr, el periodista Clément Poursain explora una idea revolucionaria de la física contemporánea: el tiempo no existiría. Según algunos modelos cuánticos, el universo en su conjunto estaría inmóvil, y lo que percibimos como el flujo del pasado hacia el presente y el futuro sería solo una ilusión emergente de la intrincación cuántica. El pasado, el presente y el futuro coexistirían en un «bloque universal» atemporal.

Esta tesis, inspirada en los trabajos de Don Page y William Wootters (1983) así como en la visión de Albert Einstein, resuena profundamente con la concepción masónica del tiempo simbólico.

La Francmasonería, desde sus orígenes especulativos, nunca ha considerado el tiempo como una simple cronología profana. A través de símbolos como el reloj de arena, la guadaña, la regla con veinticuatro divisiones y rituales iniciáticos, enseña que el tiempo lineal es solo una ilusión relativa: en la Logia se abre un eterno presente. Este artículo examina las correspondencias entre esta física moderna de la ilusión temporal y el simbolismo masónico del tiempo, subrayando cómo la tradición masónica anticipa e encarna intuitivamente lo que la ciencia comienza a demostrar.

La Francmasonería sitúa el tiempo en el centro de su simbolismo. El reloj de arena, presente en la Cámara de Reflexión junto con el cráneo y la guadaña, encarna la fugacidad del tiempo profano: la arena fluye inevitablemente desde el nacimiento hasta la muerte, recordando al iniciado la brevedad de la vida y la necesidad de construir su Templo interior antes del final del ciclo.

Pero el reloj de arena no se limita a una imagen lineal: al invertirse, cambia el flujo y se convierte en un símbolo de renacimiento. Esta inversión, comparable a la transmutación alquímica, evoca la circularidad del tiempo y la continuación eterna de los actos realizados en la luz. El reloj de arena se convierte en un llamado a trabajar en el presente, a crear permanencia en la efímera.

En la Logia, el tiempo adquiere una dimensión sagrada. Los trabajos comienzan y terminan según una temporalidad simbólica, marcando el paso del mundo profano al mundo espiritual. La regla con veinticuatro divisiones enseña que cada hora tiene su propósito: trabajo, descanso, meditación y perfección moral.

El tiempo masónico es un eterno presente. Pierre Pelle-Le Croisa y Jacques Branchut describen el ritual como creando un «continuo de tiempos sagrados» donde la duración profana se desvanece. El Francmasón accede entonces a «una eternidad recom…

Esas correspondencias no son un simple acto del azar. La Francmasonería, heredera del hermetismo y el platonismo, siempre ha buscado trascender la apariencia del tiempo para alcanzar el conocimiento de lo eterno. La física relativista y cuántica, al abolir la idea del tiempo absoluto, confirma la validez simbólica de esta intuición.

Estas convergencias entre la ciencia moderna y la Francmasonería abren nuevas perspectivas para la reflexión masónica contemporánea.

En cuanto a la mortalidad: el reloj de arena recuerda la finitud, la ciencia revela la ilusión de esa finitud; por lo tanto, el Masón puede vivir cada instante como parte de la eternidad.

En términos de fraternidad: en el «bloque universal», todos los Hermanos coexisten fuera del tiempo. La cadena de unión se convierte literalmente en un lazo cuántico entre los hermanos.

En relación a la acción: construir su Templo adquiere un nuevo significado, cada piedra colocada en el momento presente participa en la obra intemporal de la fraternidad universal.

En lo referente a la espiritualidad: el ritual masónico aparece como una manipulación consciente del tiempo sagrado; suspende lo profano para permitir que la eternidad se manifieste aquí y ahora.

Oswald Wirth y René Guénon habían percibido esta intemporalidad del Templo. Hoy la ciencia lo confirma: el Templo no está en el tiempo, es el tiempo que reposa en el Templo.

La Francmasonería, al penetrar en la Logia, abandona la temporalidad profana para entrar en el bloque universal de la luz, donde todas las generaciones cohabitan en un mismo presente espiritual. Ya no sufre el paso del tiempo, sino que lo transciende.

Por lo tanto, la física cuántica y el simbolismo iniciático convergen en una sola búsqueda: comprender que el universo es inmóvil, eterno y consciente, y que la vocación del Masón es despertar a esta realidad a través del ritual y del pensamiento.

En un mundo dominado por la velocidad y la duración, la Logia sigue siendo ese santuario atemporal donde, desde «tiempos inmemoriales», los hombres libres se reúnen para construir la eternidad. Bienvenidos al Templo, o como dice la ciencia moderna, bienvenidos al Bloque universal.