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Mundo: más de 12 GW de nuevas capacidades nucleares lanzadas en 2025 (AIE)

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La transición energética mundial continúa en 2025 con el lanzamiento de más de 12 gigavatios (GW) de capacidad nuclear en construcción, según los datos del nuevo informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), publicado el 20 de abril de 2026.

Este movimiento refleja un renovado interés por la energía nuclear, percibida como una fuente de energía controlable y baja en carbono en un contexto de mayor seguridad energética.

Al mismo tiempo, las energías renovables continúan aumentando su poder. Las capacidades instaladas han alcanzado niveles récord, con casi 800 GW añadidos en un solo año. La energía solar fotovoltaica lidera ampliamente esta dinámica, representando aproximadamente el 75% de las nuevas instalaciones, seguida por la energía eólica. El almacenamiento con baterías, en fuerte expansión, se establece como un complemento estratégico para estabilizar las redes eléctricas.

Un crecimiento energético cada vez menos carbonizado

El año 2025 se caracteriza por un notable cambio en la producción de electricidad. Las energías renovables y la nuclear aumentaron juntas alrededor de 600 teravatios-hora (TWh), la mayor subida jamás registrada. Este avance ha permitido cubrir la mayor parte del crecimiento de la demanda de electricidad mundial, limitando así el uso de combustibles fósiles.

En este contexto, la demanda mundial de carbón solo aumentó marginalmente, alrededor del 0,4%, reflejando una desaceleración en su dinámica. Esta estabilidad, sin embargo, oculta disparidades regionales relacionadas con condiciones climáticas y fluctuaciones en los precios del gas natural.

Emisiones de COᵧ en moderado aumento

En términos climáticos, las emisiones mundiales de dióxido de carbono relacionadas con la energía aumentaron moderadamente, alrededor del 0,4%. Esta evolución refleja un equilibrio frágil entre el crecimiento económico, la demanda energética y los esfuerzos de descarbonización.

En algunas economías importantes se observan cambios. China ha logrado estabilizar su demanda de carbón, respaldada por el aumento de las energías renovables. En India, las emisiones se mantuvieron mayormente estables, un hecho inédito en varias décadas, especialmente debido a condiciones climáticas favorables para la hidroelectricidad. Por el contrario, algunas economías avanzadas experimentaron un ligero aumento en sus emisiones, relacionado con una demanda energética sostenida.

Tecnologías limpias e impacto mensurable

Desde 2019, el despliegue de tecnologías bajas en carbono como la solar, eólica, nuclear y vehículos eléctricos ha permitido evitar una parte significativa del consumo de energías fósiles.

Las estimaciones sugieren una reducción equivalente a 35 exajulios de demanda energética, aproximadamente el 7% del consumo mundial anual.

Estas tecnologías también han contribuido a evitar miles de millones de toneladas de emisiones de COᵧ cada año, destacando su creciente papel en la trayectoria climática global.

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), este avance confirma una transición energética comprometida, pero aún incompleta.

La institución destaca que el aumento de las energías renovables es el principal motor de descarbonización, al tiempo que subraya el papel estabilizador de capacidades sostenibles como la nuclear.

Por su parte, el Banco Mundial resalta la importancia de las inversiones en infraestructuras energéticas, estimando que la transición requerirá financiamiento masivo, especialmente en países en desarrollo donde la demanda energética sigue creciendo rápidamente.

Varios think tanks internacionales, como el Energy Policy Institute en la Universidad de Chicago y el Brookings Institution, hacen hincapié en una dinámica dual.

Los sistemas energéticos se descarbonizan gradualmente gracias a la innovación, pero la demanda mundial sigue creciendo, manteniendo una dependencia de los combustibles fósiles en varias regiones.

En África, laboratorios de ideas como el Centro Africano de Transformación Económica señalan que esta reorganización energética abre oportunidades estratégicas.

África, rica en recursos naturales y potencial renovable, puede posicionarse como un actor clave en la transición, siempre que invierta en infraestructuras y capacidades locales.

En este contexto, el retorno de la energía nuclear en las estrategias energéticas también se sitúa en un marco más amplio de soberanía y seguridad energética. En la era de reconfiguraciones geopolíticas, varios Estados reevalúan sus combinaciones para reducir su exposición a choques externos.

El creciente interés en las tecnologías nucleares, tanto en círculos académicos como industriales, refleja una evolución en las prioridades estratégicas. Aunque no esté directamente relacionada con lo militar, esta dinámica se inscribe en un entorno global donde las capacidades tecnológicas avanzadas se convierten en un factor de poder económico y autonomía de decisión.

Desde una perspectiva económica, esta tendencia plantea una pregunta central: el arbitraje entre inversiones, seguridad energética y objetivos climáticos.

La transición energética emerge así como un factor estructural de competitividad en la economía mundial.

Flory MUSISWA