El secuestro de Nicolás Maduro por el ejército estadounidense a principios de 2026 habría causado, según las interpretaciones tradicionales, una conmoción en los mercados mundiales, especialmente en los precios del petróleo.
De hecho, «los mercados fácilmente absorbieron el evento», señala Tania Sollogoub, responsable del análisis de países emergentes y riesgos geopolíticos en Crédit Agricole, en su última publicación en Perspectives.
Según la autora, esta aparente conexión entre la violencia de la actualidad geopolítica y la tranquilidad de los índices bursátiles no es casualidad: marca un cambio de paradigma, en el sentido de que los mercados parecen haber integrado el desorden geopolítico y económico mundial como una variable endógena. Aún queda por determinar si la economía real –especialmente el comercio de productos agrícolas y alimenticios– puede mantener la misma resiliencia y cómo se adaptará en un mundo cada vez más inestable. La reciente guerra en Medio Oriente y el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz son claros ejemplos.
La integración del riesgo geopolítico como variable estructural del orden económico mundial
La aparente falta de reacción de los mercados financieros después del secuestro del presidente venezolano es el punto de partida del análisis de Tania Sollogoub. Según ella, la geopolítica ha dejado de ser un factor sorpresa (o disruptivo) para convertirse en una parte estructural del entorno económico mundial. Esto se debe a un profundo cambio en la percepción del riesgo por parte de los operadores financieros. La geopolítica, que antes representaba un shock externo en un orden económico fundamentalmente estable, se ha convertido en una «condición permanente».
La autora cita la invasión de Ucrania por Rusia como un momento clave, una análisis con la que estamos totalmente de acuerdo. El conflicto no fue tratado como un evento aislado. Por un lado, se enmarca en un contexto donde se han sucedido una serie de eventos vistos como «rupturas»: el Brexit, la elección de Donald Trump como presidente en 2017, el enfrentamiento entre Estados Unidos y China, entre otros. Por otro lado, la guerra tuvo un impacto medible en flujos reales (energía, materias primas agrícolas) y, por ende, en los precios mundiales.




