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Reportaje internacional

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Entre 2016 y 2018, Turquía vivió un estado de emergencia después del intento de golpe de estado del 15 de julio de 2016. En ese período, miles de profesores, maestros y sindicalistas turcos opositores al régimen del presidente Recep Tayyip Erdogan fueron despedidos. Acusados de tener vínculos con organizaciones terroristas, fueron marginados de la sociedad. Galardonada con el Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival de Cine de Berlín 2026, la película «Yellow Letters» de Ilker Çatak examina su situación y despierta dolorosos recuerdos en estos antiguos miembros del cuerpo docente.

Can Irmak Özinanir, de 44 años, parpadea a la salida del cine. Acaba de ver la película «Yellow Letters» de la cual ha escuchado hablar desde hace varios días. Este ex académico fue despedido por decreto en 2017 en Turquía. La película cuenta en parte su historia, estos años de incertidumbre, esperando una decisión judicial favorable. «La incertidumbre es el sentimiento dominante en estos últimos años. Nunca sabes qué va a pasar. Es un período de incertidumbre que se prolonga en el tiempo. Hubo momentos en los que tenía mucha confianza en mí porque contábamos con una gran solidaridad. Pero también hubo momentos en los que me sentí muy solo y eso se tradujo en enojo hacia mi entorno», relata Can Irmak Özinanir.

Estamos en los pasillos de la famosa Universidad de Ankara, elegida por el director Ilker Çatak para iniciar su película. Mustafa Kemal Şoşükun, de 56 años, es uno de los académicos despedidos por decreto. Finalmente fue reintegrado hace tres años, después de varios años de trabajos temporales. «Cuando eres comunista, aprendes rápido. Aprendí muchas cosas. Por ejemplo, después de ser despedido, fundé una consultora. Después, volví a presentarme a los exámenes de ingreso a la Universidad de Ankara e ingresé en la facultad de informática. Aprendí programación. También aprendí a usar el programa Da Vinci Resolve. Me senté en mi escritorio y aprendí. No necesitamos del estado para vivir, para sobrevivir», confía.

En el centro de Ankara, en el barrio de Kizilay, el bar Zurafa abrió sus puertas hace poco más de un año. Veli Sacilik, de 49 años, lo dirige con su pareja. Amputado de su brazo derecho durante una estancia en prisión, es el único trabajo que puede hacer hoy, asegura. Como muchos funcionarios, perdió su empleo durante el estado de emergencia. Entonces, cuando se estrenó «Yellow Letters», decidió llevar a su hija de 15 años a ver la película: «Llevé a mi hija a ver la película porque ella tiene la misma edad que el personaje de Ezgi en la película, y ha pasado por períodos muy similares. Quería que entendiera lo que su papá y su mamá han pasado».

Como otros despedidos, Veli Sacilik acusa al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de haberlos abandonado a su suerte. El Tribunal había establecido que se debían agotar todas las vías internas de justicia antes de examinar sus expedientes. Hasta ahora, las reincorporaciones se están produciendo poco a poco. Algunos han vuelto al camino universitario, otros aún esperan una decisión del Consejo de Estado. Pero aseguran que ninguna decisión judicial les devolverá estos diez años de travesía.