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¡Es un poco como ultras! En la Liga de Campeones, un desafío volcánico para el Brest Bretagne Handball frente al Gloria Bistrita.

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Un caldero. Un horno. Un volcán en erupción. La TeraPlast Arena, joya de 3,000 asientos ubicada en Bistrita, en el corazón de Transilvania (Rumania), se prepara para escribir una página inédita de su historia al ser el escenario de su primer partido de cuartos de final de la Liga de Campeones.

Para el Brest Bretagne Handball, el desafío es doble este sábado: vencer a un equipo y domar un recinto.

Una pasión al límite de la hostilidad

«Es único. La sala está llena en cada partido, desde el principio hasta el final, y los seguidores son increíbles. Apoyan sin parar, un poco como ultras», testifica Deborah Kpodar, hoy en Stella Saint-Maur, pero que vivió desde dentro la atmósfera del club entre 2022 y 2024.

Esta presión popular es de doble filo: «Están potenciados por su público, lo que puede impresionar a los adversarios. Pero este tipo de ambiente también puede inspirar», agrega.

«Se siente una verdadera pasión alrededor de este equipo con tifos, banderas… Todo esto crea una atmósfera especial, al límite de la hostilidad, pero que también eleva a los adversarios. Brest tiene que saber usarlo y beneficiarse de esta atmósfera», confirma Alicia Toublanc, exextremo del BBH, ahora en Debrecen.

Pero reducir a Bistrita a su atmósfera sería un error. Cuarto en su grupo, el equipo rumano es una sorpresa. Líder de su liga tras vencer al CSM Bucarest, también dominó a Ikast en la ronda anterior. «Es un equipo muy físico, con mucho impacto», analiza el defensor francés.

El muro Arruda

En el centro de este sistema, una figura se impone: Renata Arruda. Con su imponente estatura (1.80 m, 103 kg), la arquera brasileña reina en sus arcos. «Ocupa mucho espacio en el arco y tiene una gran lectura del juego», asegura Clarisse Mairot.

Ante este desafío total, el BBH puede apoyarse en lo que ha sido su identidad durante años: un juego versátil, una defensa férrea y la capacidad de destacar en momentos clave. «Tienen la experiencia y la plantilla para ello», asegura Kpodar. Pero a este nivel, todo está abierto. Queda por verse si Brest sabrá alimentarse del volcán rumano para apagarlo mejor.